Viajar por África es descubrir inmensos espacios todavía vírgenes, naturaleza en estado puro y experimentar nuevas sensaciones… Para muchos de nosotros, africanistas declarados, viajar por África significa por sobre todas las cosas, conocer gente. Creo que en ninguna otra parte del mundo la gente es tan dada a la palabra, a la tertulia, sea un bar mugriento cerca de un puesto de artesanía o bajo un baobab, a los africanos les encanta charlar.
Hace 3 años conocí en las playas vírgenes de Mouanko a Joseph, un pescador con el que inicié una conversación mientras se ponía el sol y hasta hoy seguimos charlando de la vida…
Joseph es un hombre polifacético. La selva y el río han sido su escuela y hoy constituye su medio de vida. Este atractivo joven mabí – ojos expresivos, piel oscura, nariz ancha y pómulos salientes – es camarero en un albergue en medio de la jungla, remero de canoa en el río Sanaga, experto en plantas medicinales y guía-localizador de fauna. El ecoturismo le ha cambiado la vida. A él y a sus vecinos de varias comunidades indígenas en la región selvática que se extiende entre los ríos Sanaga y Lokoundjé, en el suroeste de Camerún.
Él y otros indígenas de Mbiako, un pueblo de pescadores situado en el delta del río Sanaga participan en un esperanzador proyecto de turismo responsable junto con la agencia de viajes Middle Africa. La fórmula puesta en marcha en este rincón de la selva ecuatorial africana entremezcla el ecoturismo y el respeto a cultura nativa con la investigación y busca un solo fin: aliviar la miseria sin alterar la biodiversidad.
En 2008, nadie preveía que la agencia de turismo responsable Middle Africa con el fin de fundar un proyecto de turismo responsable para proteger el frágil medio ambiente de la selva que se extiende entre los ríos Sanaga y Lokoundjé fuera a tener consecuencias tan trascendentales en el futuro de los habitantes de Mbiako. La afluencia de expertos en biología y ecoturismo y luego de turistas animó a los responsables de Middle Africa a abrir un albergue entre la desembocadura del río Sanaga principios de 2009. Para ello contactó con los líderes locales de Mbiako para presentarles el proyecto. Al final, la colaboración desembocó en un compromiso para explotar conjuntamente las posibilidades ecoturísticas de la zona, protegiendo sus espacios naturales y respetando las tradiciones indígenas. Una verdadera ‘alianza de civilizaciones’ que beneficia a todos, incluidos los habitantes no humanos de la espesura.
A pocos meses del inicio del proyecto, uno se da cuenta que su éxito reside en que involucra a la población local; de manera que, en unos años, los negocios pasarán a ser gestionados por los nativos y quedarán exclusivamente en sus manos. Hasta entonces, reciben formación como guías turísticos, con clases de interpretación del territorio, de la fauna y flora, de la cultura de los diferentes grupos étnicos de la región, así como lecciones de inglés y español. También se comprometen a no cazar especies protegidas de fauna ni a destruir plantas silvestres amenazadas. Los ingresos generados por sus actividades revierten en mejoras de las infraestructuras de la aldea.
Sin duda, la llegada del ecoturismo ha dado nuevas salidas a las viejas habilidades de los pueblos de la zona. Así, Marie, de 50 años, y su hija Lucille confeccionan collares que venden en el poblado y en la ciudad turística de Kribi. Joseph se dedica a hacer de intermediario entre dicha población y los diferentes artesanos de la región.
El caso de Joseph es, pues, uno más de esta nueva época del delta del río Sanaga. Como guía conoce muy bien las especies que habitan en el bosque húmedo donde se asienta su poblado, uno de los enclaves del mundo con mayor diversidad tropical junto a la selva amazónica y la de Papua Nueva Guinea. Aquí pueden encontrarse miles de especies de aves, incluidos loros. Varias especies de monos, de los que destacan varios grupos de chimpancés, una pequeña comunidad de elefantes de bosque, más de 15 especies de murciélagos, pequeños antílopes, la amenazada rana Goliath –el mayor anfibio africano-, los tímidos manatis y muchas especies de peces y crustáceos que sustentan parte de la dieta de los indígenas.
El albergue sostenible de Mbiako.
Su estratégico emplazamiento, entre el Océano Atlántico y la selva virgen africana, y su mimetismo con el entorno natural y cultural convierten al albergue familiar de Mbiako en un lugar ideal para descansar y disfrutar de paseos y excursiones por las playas, poblados y bosques de los alrededores. Aparte de la atmósfera que uno respira en el delta del río Sanaga, uno de los grandes atractivos del albergue es que está cogestionado por la empresa Middle Africa y por los indígenas que habitan la zona, y este hecho diferencial se nota.
Las cabañas de madera fueron diseñadas conjuntamente por los pescadores mabea del poblado y por un arquitecto camerunés especializado en arquitectura sostenible. Éstas, están integradas en el entorno, tropical, selvático y marítimo. Algunas habitaciones tienen un lado completamente abierto al exterior para escuchar el ruidoso concierto nocturno de los animales, el sonido del oleaje acariciando la arena blanca y disfrutar la sensación de dormir a la intemperie. La luz es proporcionada por tenues lámparas de aceite, y en las duchas sólo está permitido utilizar jabón biodegradable, pues no hay tuberías para los residuos.
La experiencia es inigualable, pese a las incomodidades, pero la estancia en la zona ha de prolongarse al menos una semana si uno quiere descubrir sus misterios.
No es una utopía: la explotación turística, la conservación de la naturaleza y los derechos indígenas pueden caminar de la mano.
JR.