Posteado por: cercadeafrica | 08/07/2010

Consejos al visitar una aldea

La palabra fundamental es respeto.

Dedicar alguna mañana a visitar alguna aldea nos hace conocer mejor la forma de vivir de las etnias de los países de África negra. Ver cómo está establecido el pueblo, la forma de construir las casas, sus gentes, los vestuarios, sus costumbres… Si somos respetuosos no encontraremos más que la gneralizada hospitalidad africana y nos invitarán a conocer su hogar, a invitarnos a un té o incluso a comer y dormir.

En primer lugar hay que esperar a que nos inviten a entrar a un poblado, no debemos entrar por nuestro propio pie sin esa invitación por parte de alguien de allí. A menudo los primeros en acercarse serán niños, que en pocos minutos veremos multiplicarse en número, pero debemos esperar que al menos aparezca algún padre de ellos, que tampoco tardarán al oir los gritos de los niños. Si no, lo primero es preguntar por el jefe de la aldea para presentar nuestros respetos.

No es fundamental conocer su idioma para comunicarnos, hay gestos de respeto fundamentales y universales, de sentido común. Debemos entrar y saludar a todas las personas, con un gesto de inclinación de cabeza y dando la mano (siempre la derecha). Es muy probable que los niños nos rodeen y divertidos nos inviten a enseñarnos su pueblo y sus casas. Nos podemos dejar llevar, siempre con humildad, teniendo presente que debemos ser aceptados, como una etnia más y adaptarnos a sus valores sociales.

No hay que llegar y ponerse a dar regalos. Un obsequio será bien agradecido, pero una vez hayamos establecido contacto y como forma de agradecimiento de su hospitalidad, tal vez antes de irnos.

Tampoco es conveniente hacer fotos sin preguntar. Una vez ya hemos cogido confianza mutua y siempre pidiendo permiso, no tendrán ningún inconveniente, incluso posarán para nosotros con orgullo.

Es una buena experiencia que nos inviten a sentarnos con ellos, y aunque no sepamos hablar su lengua, podremos comunicarnos a través de gestos, sonrisas, comparando peinados… Aunque no estemos cansados, no hay que declinar esta invitación. Nos traerán agua, que como no conviene beber, haremos el gesto para que no parezca que se rechaza, aunque no pasa nada si no la bebemos. Siempre una sonrisa y un gesto de humildad se entenderán como agradecimiento a su hospitalidad.

No debemos entrar en ninguna casa sin pedir permiso que, fácilmente si estamos interesados, nos enseñarán. Es conveniente que tengamos en cuenta que puede haber un lugar de culto que no conozcamos y por eso debemos ser cautos de no penetrar sin saberlo y poder ofender. Una vez que nos han invitado y si nos dejan asentarnos para dormir, nos harán sentir como en nuestra propia casa y siendo “huéspedes oficiales”, tendremos derecho a curiosear.

A la hora de comer, es costumbre musulmana que las mujeres coman separada de los hombres, y nuestro conocido comerá con nosotros, que podemos estar mezclados, hombres y mujeres, sin problema. Lo normal es comer con la mano (derecha) aunque nos pueden ofrecer algún cubierto y no representa ofensa alguna comer con ello, pues saben que tenemos esa costumbre. Se coloca un gran plato en el centro y cada uno come de su zona más cercana. No está bien visto comer de zonas más alejadas, ni girar el plato. Es común que distribuyan los trozos más sabrosos hacia nuestra zona como deferencia.

La hora del té también es muy interesante, pues es todo un rito mientras airean el té una y otra vez. No debemos impacientarnos, pues esta labor a veces puede llevar hasta media hora, pero se considera que más se están dedicando a ello para que esté mejor el sabor, que debemos alabar cuando lo probemos.

En general si vamos acompañados de alguien de allí siempre será más fácil, pero en cualquier caso, la hospitalidad se puede decir que es obligada entre africanos y hacia extranjeros, así que podemos agradecer que en nuestro viaje podamos contar con alguna experiencia de estas, tan sencilla pero el trato humano siempre nos llegará más al corazón que conocer monumentos.

VMM

Fotos realizadas por Verónica Malfeitos en Senegal 2006.


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