Posteado por: cercadeafrica | 27/07/2010

En la ceremonia de la cerveza de mijo

La mayoría de las ceremonias exigía la presencia de los hombres más viejos de varios poblados. Cuando las inundaciones comenzaron, a los ancianos les resultaba demasiado difícil ir caminando de un poblado a otro, y las ceremonias fueron cesando poco a poco. Cuando las inundaciones se hicieron intensas, toda actividad quedó paralizada, con una sola excepción. Las mujeres preparaban cerveza de mijo, y hombres, mujeres y niños se sentaban en sus colinas a beberla.

Empezaban a beber al alba. A media mañana el poblado entero estaba cantando, bailando y tocando los tambores. Cuando llovía, la gente se tenía que sentar en el interior de las chozas, donde o bien bebían y cantaban, o bien bebían y contaban historias. En cualquier caso, al mediodía o antes yo ya me veía obligada a unirme a la fiesta, o si no, a retirarme a mi propia choza con mis libros. –No se discuten asuntos serios cuando hay cerveza. Ven, bebe con nosotros-.

Con la esperanza de tener alguna conversación seria antes de la fiesta de cerveza, solía acudir a la choza de recepciones del anciano -un círculo de postes con un techado de bardas y un murete de barro para guarecerse del viento y la lluvia-. Un día, al traspasar agachado el bajo umbral, me encontré con la mayoría de los hombres del poblado allí apiñados, con su raída vestimenta, sentados en taburetes, esteras y mecedoras, al calor de una fogata humeante al amparo de la destemplanza de la lluvia. En el medio había tres cuencos de cerveza. La fiesta había comenzado.

El anciano me saludó cordialmente. –Siéntate y bebe-. Acepté una gran calabaza llena de cerveza, me serví un poco en un pequeño recipiente y lo apuré de un solo trago. Entonces serví algo más en el mismo cuenco al hombre que seguía en edad a mi anfitrión, y pasé la calabaza a un joven para que el reparto continuara. La gente importante no debe tener que servirse a sí misma.

Es mejor así-, dijo el anciano, mirándome con aprobación y quitándome del pelo una brizna de paja. –Deberías sentarte a beber con nosotros más a menudo. Tus criados (refiriéndose al intérprete y al porteador) me cuentan que cuando no estás en nuestra compañía, te quedas dentro de tu choza mirando un papel-.

*Notas de Joan Riera en un trabajo de campo en los Montes Taneka (Benín), agosto 2009

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