Posteado por: cercadeafrica | 03/03/2011

Diario en Camerún (VIII)

14 de septiembre 2010

Nos levantamos temprano y bajamos al río para darnos un baño matutino. Pronto comenzamos a oír música de tambores, el poblado se prepara para un ritual de agradecimiento al Dios de la lluvia, parece que este año están siendo abundantes. Nos olvidamos del desayuno y cogemos nuestras cámaras. Hace su aparición el brujo de la tribu, todo un personaje. Lleva el cuerpo pintado y un cinturón de caracolas simbolizando el agua, toca una especie de flauta, y de su cintura cuelga un cuerno a modo de falo como símbolo de fertilidad.

Brujo

Bienvenida

Nos invita a cerveza y aceptamos a tomar un pequeño sorbo a riesgo de envenenarnos para el resto del viaje, pero para nuestra sorpresa está realmente buena. Las mujeres empiezan a danzar y cantar al ritmo de los tambores rodeando a los músicos. La fiesta se anima, y otras mujeres de poblados cercanos acuden al sonido de la música y se van uniendo a la danza. El brujo hace sonar su flauta, mientras realiza movimientos sexuales con su cuerno detrás de ellas.

Escena en Librou

 

Al trabajo

Después del ritual, las mujeres cogen su azada y los niños más pequeños, y se van al campo a trabajar todo el día hasta la noche. Cultivan todo lo que necesitan para vivir, incluido el tabaco, excepto la sal y el azúcar, que intercambian por cerveza en el mercado de Wangay, para lo que emplean dos días entre ir y venir. Debido a la distancia, esta es la única oportunidad que tienen para relacionarse con los poblados menos aislados de la llanura.

Mi mamá

Es curioso pero solo las mujeres fuman en pipa, y lo hacen muy a menudo, sobre todo las más ancianas. Utilizan una pipa hecha de barro y bambú y encienden la yesca, una especie de algodón cultivadas por ellas mismas, al modo tradicional, golpeando un trozo de pedernal con hierro hasta hacer saltar chispas. Todo ello lo guardan en un bolso, que llevan a todas partes, hecho con la piel sin curtir de un animal pequeño, tipo al conejo que nosotros conocemos, simplemente cosido a los lados.

Mujer koma

Después del desayuno y comprar algunos recuerdos: una calabaza-recipiente, una pipa y dos fetiches, iniciamos ruta hacia lo alto de la montaña, al poblado sagrado de Bimlerou Aut, donde los Koma guardan los cráneos de los enemigos muertos durante la guerra de islamización de los países del norte, hace más de doscientos años. Comenzamos a subir y subir por un terreno en el que la hierba, gracias a las recientes lluvias, nos sobrepasa en altura, a ratos es imposible ver el camino. El cielo está nublado y la temperatura es agradable, pero la pendiente y la humedad hace que el ascenso sea complicado. Hacemos un alto en el poblado de Nagalomo, conocido como el poblado de los tres baobabs. Está vacío, sólo encontramos a una mujer trabajando en su sembrado de maíz, el resto están en el campo.

Un pequeño descanso

Reconocemos la choza del brujo, por los tres fetiches que tiene a la puerta, una tinaja, una vara retorcida, que protege frente a los reptiles y una planta curativa que trepa por la pared de adobe. Los Koma creen que los brujos pueden ver el futuro y el interior de las personas.

Tardamos unas seis horas y media en total en subir y bajar. Bimlerou Aut está a una altura de unos 1290m, por lo que salvamos un desnivel de 680m. nada despreciable, desde los 611m. de partida. El paisaje, desde lo alto, es impresionante, con el río Faro en el horizonte.

Montes Alantika

Comenzamos a ver las chozas de adobe y los graneros donde almacenan el mijo, construidos sobre pilotes. Sólo unos pocos metros nos separan de la frontera con Nigeria. Como en Nagalomo, apenas hay gente, solo un par de mujeres con su inseparable pipa que vienen a saludarnos mientras comemos, y el jefe religioso con un niño, encargado de guardar los cráneos. Acepta probar encantado un poco de piña, nos dice que es la primera vez que la toma, pero rechaza el pan, pues tiene sal, y sólo si no ha probado sal, ni dormido con su mujer desde el día anterior, puede tocar los cráneos para enseñárnoslos.

Charlando

Comedor

El guardián de los cráneos no puede alejarse nunca de este lugar, que es absolutamente sagrado para los Koma, y sólo se puede acceder a él, con su permiso. Tienen cientos de ellos, conservados en perfecto estado dentro de vasijas de barro. Los guardan como un trofeo conmemorativo del triunfo contra los musulmanes del norte, que no consiguieron su islamización, aunque sí su territorio, teniendo que huir a estas remotas tierras de los montes Alantikas, hace más de doscientos años, para seguir conservando su cultura y medio de vida.

Trofeo de guerra

El Guardián

Pensé que habíamos hecho lo más duro, después de tres horas ininterrumpidas de subida, pero aún quedaba la bajada!. Gracias a la ayuda del comandante Issa, que con unas chanclas por calzado, pisaba firme como una roca, y a riesgo de mi vida, conseguí bajar hasta Koylo, otro poblado Koma a 612 metros de altitud.

Panorámica desde los Alantika

Pero después del esfuerzo nos esperaba la recompensa, un baño en una piscina natural, entre una pared de rocas perfectamente cinceladas que se surtía de una pequeña cascada de agua procedente de las montañas. Después de todo el día de caminata, no puedo imaginarme un final mejor, el lugar, todo para nosotros, se sale del mapa.
Montamos la tienda de campaña bajo un árbol, a pocos metros del poblado. Cenamos bajo las estrellas espaguetis con pollo que cocinó Abdul, en una hoguera improvisada, y nos vamos a la cama exhaustos.

Nuestra piscina natural

JR.

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