Posteado por: cercadeafrica | 14/04/2011

Diario en Camerún (XXIII)

19 de septiembre 2010

El día amanece con una niebla densa que apenas deja ver las cabañas de alrededor, como es habitual en esta época del año en las primeras horas de la mañana, pero después despeja y el sol calienta el resto del día. Desayunamos en el comedor que el Doli lodge tiene casi sobre las aguas del río Sangha, viendo pasar a los pescadores en sus piraguas río abajo.

Cristian nos espera temprano, hoy es un gran día, el día en que con un poco de suerte, tendremos a Makumba, un gran macho espalda plateada, a tan solo unos metros de distancia de nuestros objetivos. Nos ponemos en marcha a las seis, adentrándonos en la reserva rumbo al Hokoi bai, un claro, o bai en lengua local, en la espesura de la selva, donde se ubica el campamento del grupo de pigmeos rastreadores, que en todo momento siguen los pasos de la familia de gorilas a través de la reserva. Recorrer los treinta kilómetros que nos separan del bai nos lleva más de hora y media, a través de caminos rodeados de una vegetación impenetrable, en los que apenas cabe el todoterreno. Continuamente hay que parar a retirar algún tronco, cortar alguna rama con el machete, imprescindible en este lugar, o sacar el coche del barro, que debido a las lluvias de la noche pasada cubre la mayor parte de las pistas.

Los pigmeos Baka de la zona tiene un sistema de rastreo para saber en todo momento donde se encuentra la familia de Makumba. Diferentes grupos de rastreadores siguen a los gorilas desde las 5:30h de la mañana hasta las 17:30h, momento en el que preparan sus camas de hojas para pasar la noche y no se mueven más hasta la mañana. Durante el día están continuamente en movimiento en busca de frutos y brotes tiernos, de los que se alimentan. Tener la posibilidad de estar a no más de cinco metros de una familia de gorilas de llanura lleva su tiempo, antes ha habido un largo trabajo previo de casi siete años para acostumbrar a los gorilas a tolerar a los visitantes. En estos momentos sólo es posible tener esta experiencia con dos familias de gorilas, aunque hay muchas más en la reserva. Makumba significa speed en lengua baka, los pigmeos le pusieron ese nombre por la velocidad que adquirían sus movimientos en los primeros años de contacto con los humanos. La familia está formada por once miembros en total, el gran macho espalda plateada, Makumba, tres hembras, que son las que más protestan ante las visitas y sus crías.

Nos dan la bienvenida en el campamento además de los pigmeos, dos estudiantes universitarios cameruneses, que pasarán unos meses en la reserva como complemento a sus estudios, y una periodista alemana que lleva filmando a los gorilas desde hace dos años para la televisión germana y el National Geographic. Una alambrera llena de botes y todo tipo de objetos susceptibles de hacer ruido al moverse rodea las cabañas como método de protección, o más bien de aviso, ante posibles incursiones de los numerosos elefantes de bosque que habitan en el parque. Parece que tenemos suerte y solo tendremos que caminar poco más de una hora para encontrar a los gorilas, otros chicos que visitaron la zona al día siguiente tardaron más de tres horas y media hasta dar con ellos.

Acompañados de dos rastreadores y de Terence, uno de los estudiantes, nos ponemos en marcha, después de haber recibido unos consejos para saber cómo actuar cuando llegue el gran momento de toparnos cara a cara con Makumba y su familia. Avanzamos silenciosamente a través de la vegetación. Es curioso pero una vez que te introduces dentro del laberinto de hojas, pequeños caminos abiertos por los animales se abren ante nuestros pasos haciendo más fácil la caminata. Es fundamental llevar calzado para el agua, que se sujete bien al pie, pues hay múltiples riachuelos que vadear y el barro te llega a los tobillos. La luz del sol apenas se deja ver entre la maraña verde que nos rodea. Nos cruzamos con los rastreadores que regresan de su turno de la mañana y uno de ellos se une a nosotros. Atravesamos un claro y de pronto todos se ponen alerta, en nuestro campo de visión aparece un elefante con su cría, es emocionante y peligroso a la vez, cuando están criando los elefantes pueden ser agresivos. Apenas puedo sacar la cámara y nos indican que nos introduzcamos de nuevo entre la vegetación.

Junto al bai de hokoi

Mil sonidos llegan a nuestros oídos, en absoluto estado de alerta y de pronto ahí están!, no puedo expresar con palabras lo que se siente al toparte con un espalda plateada, ¡es ENORME!, está sentado y es casi tan alto como nosotros de pie, ¡es ESPECTACULAR e IMPRESIONANTE! Dos de los bebés siguen a Makumba a todas partes, y las hembras nos miran con desconfianza. Los pigmeos emiten chasquidos con la lengua continuamente para advertirle de nuestra presencia. Makumba está atento a todos los ruidos, obsequiándote con un gruñido si te intentas acercar demasiado, aunque en ocasiones apenas lo tuvimos a tres metros. Se sienta para comer dándonos la espalda por lo que hay que rodearlo caminando silenciosamente entre los arbustos para poder fotografiarle de frente; cuando te has colocado, se mueve de nuevo. Hacer fotos es misión imposible, las hojas y la vegetación lo inundan todo, la luz es escasa y se mueven continuamente, todo un reto para nuestros equipos. La hora que pasamos con ellos nos sabe a poco, pero no hay opción, debemos regresar al campamento.

Makumba

 

Hembra gorila

 

Sorprendido

 

Makumba

 

Recogemos nuestras cosas del Doli y nos vamos, esta vez sí, al Sangha Lodge que está a unos quince minutos en coche del pueblo de Bayanga. Un pequeño río, el Babongo, que vierte sus aguas en el gran Sangha en este punto, separa el Lodge del camino de acceso, por lo que es necesario utilizar una especie de bote para acceder a él. Roc, el dueño del hotel nos da la bienvenida a su pequeño paraíso, como él dice. Nuestra cabaña es espectacular, un mirador recubierto con tela mosquitera, en un recodo del río, permite ver la corriente varios kilómetros adelante. Comienza a llover y un viento fresco entra por la ventana acompañando los sonidos de la selva al otro lado del río, no puedo imaginarme un lugar mejor para plasmar en el papel las sensaciones vividas hoy. Ahora si puedo decir que he estado en el paraíso.

Sangha lodge

 

JR

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