Posteado por: cercadeafrica | 02/06/2011

El final de una estética (sobre escarificación)

Fatima, la madre de estas dos niñas luce unos tatuajes de gran belleza en su rostro y cuello. Mariatu, su hija mayor sólo luce unos pequeños tatuajes en la frente y en la comisura de los labios para proteger su boca de la entrada de malos espíritus (enfermedades), y Zulatu, la más pequeña, tiene la cara ‘limpia’ de tatuajes.

Esta madre y sus dos hijas pertenecen a la etnia mbororo, un pueblo ganadero de creencias animistas pero que practica el Islam. Fatima vivió su niñez en la sabana del norte de Camerún, desplazándose con sus padres, abuelos, hermanos, y ganado de forma nómadica. Los primeros tatuajes que percibió la joven Fatima (10 años) fueron en su campamento nómada, y fue el curandero del pueblo quien se los hizo. El viejo marabú usó una especie de cuchila metálica, con la que marcó los diseños en el rostro, cuerpo y brazos de la niña. Acto seguido, cubrió los ‘dibujos’ cutáneos sangrantes de una especie de hollín azulado para que las marcas de belleza pudiesen resaltar del oscuro cuerpo. Ya en plena adolescencia, y antes de contraer matrimonio con un pastor de otro clan mbororo, Fatima siguió decorando su cuerpo con más tatuajes en los mercados semanales a los cuales acudía con sus hermanas para vender yogur y queso de sus vacas.

 Tras casarse, Fatima, fijó su residencia en Mbe, un pueblo grande habitado por etnias agricultoras del norte camerunés. Fue en esa época que las bellas marcas tribales en su rostro, que la definían como mujer, como mbororo, y como hija de Saliu, del clan mbororo de los Beka, pasaron a ser un elemento vergonzante para Fatima. Los vecinos cristianos de la familia de Fatima hacía años que habían abandonado la costumbre de embellecer su rostro y cuerpo con tatuajes o escarificaciones, era lo que llamaban cosas del pasado, cosas ‘sucias’ de cuando no estaban civilizados. La otrora orgullosa nómada empezó a cubrirse el rostro para acudir al mercado local y cuando tuvo a Mariatu tuvo claro que su hija no se tatuaría. La anciana madre de Fatima, insistió en sus venidas a Mbe, desde su lejano campamento nómada, que su nieta debía recibir al menos las ‘marcas’ rituales en la frente y en la comisura de los labios para protegerla de las enfermedades y para definir su condición de mujer mbororo. Fatima y su marido accedieron a la voluntad de la abuela, pero ya con la segunda hija, habiendo muerto la anciana, la tradición paró por completo.

La mirada etnográfica de Antonio sobre este grupo de mujeres-niñas mbororo pone de manifiesto un mundo que se acaba. Un mundo africano ancestral que vale la pena descubrir antes de que sea demasiado tarde.

JR

Fotografías en Camerún por Antonio Segura

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Responses

  1. que fotos mas bonitas.


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